Visita relámpago al DF

Fui a la Ciudad de México la semana pasada. Impulsivamente.

Despistado que soy, no supe hasta la semana antepasada que la semana pasada no iba a tener clases. (La semana de vacaciones tiene un nombre curioso: Reading Week.) Como Paola ya estaba en México, le dije, cuando me enteré, que de haber sabido antes hubieramos planeado que yo fuera con ella, al menos esa semana.

Ese comentario habría sido todo, sino fuera por la oferta que casualmente oímos que Air Canada ofrecía en viajes al DF…

No tuve tiempo de visitar a todas las personas que hubiera querido ver, y de hecho, desde antes de ir esto me parecía obvio así que tomé la precaución de no avisarle a mucho gente que iba. Espero no haber ofendido a nadie que con más tiempo seguramente habría visitado. Una semana simplemente es demasiado poco tiempo, sobre todo dado que tuve que hacer algunos trámites en la UNAM. También, claro, hay que descontar el día o tres que toma reacostumbrarse al caos, ruido, gentío y suciedad del DF.

Me dí cuenta de que me gusta mucho la Ciudad de México (a pesar del caos, ruido, gentío y suciedad), fue genuinamente emocionante caminar otra vez por -mis… ¿cómo se dice usual haunts en español?- la Condesa, la Roma, CU, Tlatelolco, Coyoacán y el Centro Histórico . (Me dió igual ver de nuevo Zacatenco. Je.) Antes de ir sabía que me iba a dar gusto ver al DF, pero subestimé cuanto. Sé que no le tengo un cariño similar a Ciudad Juárez o a Torreón, donde también viví durante varios años. Confirmé mi impresión de que al DF nunca lo voy a dejar querer.

Cuando regresé y salí del aeropuerto para ver Mississauga completamente nevada, ver nevar de hecho, ver el cielo blanco, un domo semiesférico sólido de apenas unos kilómetros de diámetro, subir al camión del transporte público con solo cinco pasajeros, oir al conductor cotorrear relajadamente con uno de los pasajeros -en fin, cuando salí del aeropuerto- me dí cuenta que en unos cuantos meses, más o menos el mismo tiempo que recuerdo que me tomó con la Ciudad de México, me encariñé con Toronto, probablemente de por vida.

Que bueno que las ciudades no son celosas.

Autor: Omar

re(des)conocido autor de 1.0 blog(s).

3 thoughts on “Visita relámpago al DF”

  1. El siguiente comentario me atrevo a ponerlo porque, igual que el anterior, tiene que ver con el lenguaje, los idiomas.
    Mira lo que encontré:
    Dentera. f. Sensación desagradable que a veces se experimenta en los dientes al comer cierta sustancias, oír ciertos ruidos o tocar ciertas cosas.
    Los rechinidos de los gises en el pizarrón me dan dentera, así vi que se usaba: dar dentera. ¿Cómo se dice dentera en inglés?

  2. De la visita…ya me había enterado por el buen Álvaro… los chismes ahora también vuelan en la blogosfera.

    Y sí, las ciudades no son celosas; y Manhattitlan y yo seguimos de luna de miel… ja ja

    De la dentera,

    La frase ‘dar dentera’ parece traducirse como “to set one’s teeth on edge”.

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