Hey, hey, Michael Bay

Sí, ya ví Transformers y no, no puedo culpar a nadie más por ello.

Bueno, tal vez Canek tuvo algo que ver, pero no voy a tomar la salida fácil, me rehuso a hacerlo y por lo tanto, absuelvo de toda culpa a su ridícula reseña. No sólo es decente asumir mi responsabilidad, también es más honesto: el principal impulsor de mi ida al cine fue el trailer de la película. Me pareció -lo acepto- chido. Sin intención de justificarme, agrego que también a Paola convenció el astuto trailer: al verlo pensó, como yo, que ver la película sería si no emocionante, al menos divertido y si no divertido al menos apreciablemente menos aburrido que el concurso de pelar lentejas en la reunión anual del club de fans de Cristian Castro.

A los pocos minutos de haber empezado la proyección empecé a sospechar mi error; después de la primer hora llevaba casi una hora de estar seguro; en las horas siguientes conté los asientos de la sala de cine hasta perder la cuenta de cuantas veces los había contado; recité mentalmente los versos del himno nacional en orden alfabético suficientes veces como para que me sangrara la nariz; listé los primeros treinta y dos dígitos de pi lo cual, felizmente, ocupó mi atención durante muchísimo tiempo ya que solo tenía unos quince memorizados; recreé minuto por minuto el dolor que fue ver Pearl Harbor constantemente maldiciendo a Michael Bay a la vez que reprimía la voz interior que repetía que nadie me obligaba a ver sus películas; imaginé en detalle las sesiones del grupo de apoyo para los sobrevivientes de la proyección que se me antojaban muy similares a las que se habrían organizado para los pasajeros del Titanic si en lugar de chocar al iceberg lo hubieran observado sublimarse por completo, pagando por el privilegio, cosa que fue fácil -lo de imaginar en detalle las sesiones- ya que había previamente construído para cada persona en la sala un back story; y en general hice, cada vez que me recobraba el conocimiento, lo que podía para distraerme mientras llegaba el alivio del siguiente desmayo, que afortunadamente, era una espera más y más breve entre más espartanamente nos veíamos obligados a racionar las palomitas.

De mi sueño solo recuerdo haber convertido identificando, con la naturalidad de los sueños, a Pearl Harbor con Vietnam y a Michael Bay rimadamente con LBJ. Marché con una pancarta que decía:

Hey, hey, Michael Bay
how many comas did you
induce today?

Me desperté intuyendo aire fresco y los créditos de cierre. Abriendo los ojos pude confirmar mi intuición pero también descubrí a las enfermeras que nos quitaban a todos el suero intravenoso y tiraban las jeringas cuya carga de adrenalina nos había despertado. Todavía muy débiles como para cuestionar la plausibilidad médica de tales medidas salimos del cine a la fiera luz del día -bueno, de algún día- y caminamos lentamente a la peluquería, mientras platicabamos sobre la película y generosamente reconocíamos que los efectos especiales eran excelentes.

Autor: Omar

re(des)conocido autor de 1.0 blog(s).

3 thoughts on “Hey, hey, Michael Bay”

  1. Ah Charo, pero tu eres más refinado que yo en esto, creo. Yo disfruto películas de acción cuyo principal atractivo son los efectos especiales, mientras no sean tan aburridas como Transformers. O Pearl Harbor…

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