Modos de ser ateo

Canek se me adelantó a escribir en su blog sobre una discusión que tuvimos sobre el ateísmo, en la cual descubrimos que somos ateos de manera ligeramente distinta y ambos quedamos convencidos de que somos “más ateos que el otro”.

Cómo dice él, diferimos sobre cuanta fé requiere ser ateo. Básicamente, como no se puede probar que dios no existe, Canek dice que uno decide si creer o no en él mientras que yo no veo mucha diferencia entre el cuento de dios y otros cuentos y no necesito activamente decidir no tragármelo. Canek, en sus palabras, no se permite aplicarle el sentido común a la existencia de dios y compensa esto con la decisión de no creer en dios.

Tal vez mi tendencia aplicarle el sentido común a esta cuestión sea genético: recuerdo que cuando mi hermano tenía cuatro años, una señora que conociamos le habló sobre el niño Dios. No recuerdo que le dijo sobre el asunto, pero me acuerdo muy bien que tras pensarlo una tarde mi hermano fue con la señora y le dijo que tenía algodón entre las orejas. Esa tarde fue lo más cerca que estuvo mi hermano de creer en dios.

Desde luego, ese dios que mi hermano rechazó es más claramente inexistente que el dios que solo crea el universo y luego no interactúa con él, el dios del que habla Canek. Pero sigo sintiendo que no necesito decidar nada: gente en tiempos remotos se preguntó porque hay algo en lugar de nada y decidió que tal vez fue porque alguien, un ser con inteligencia y conciencia, hizo ese algo. Me parece mala solución porque simplemente pasa el problema hacia atrás: ¿por qué existe el creador aquel? No sé, pero todo el asunto me suena improbable, antropomorfizante e ingenuo. Claramente dentro de lo que mi sentido común rechaza.

(Aunque debo confesar que me gusta la idea de una cadena infinita de dioses, cada uno creando al siguiente y el último, harto, creándonos a nosotros. Que bien podríamos volvernos el próximo dios en unos millones de años…)

Canek mencionó que le dije de los cleronomigios y que tampoco creía en ellos. Él parecía no haber oído sobre ellos y tal vez debí haberle contado la leyenda. Los cleronomigios son seres inteligentes muy tenues por decirlo de alguna forma: son incorporeos e indetectables, no interactúan con la materia de ninguna manera pero oobservan con habilidades metafísicas el universo (sin modificarlo en las formas en que la mecánica cuántica asegura lo hacen los canijos observadores). Hay un cleronomigio por cada humano, quizá uno por cada ser inteligente del universo (pero ciertamente no hay para las girafas). Cada quien fascina tremendamente a su cleronomigio que apasionadamente sigue todos los detalles de la vida de su humano. Tienen una profundidad de emoción que ni siquiera soñamos, pues incluso soñarla sería insoportablemente intenso.

Obviamente los cleonomigios están tan fuera de las leyes del universo como dios, pero probablemente Canek se permita usar el sentido común para no creer en ellos. (Cuando, siendo menos poderosos que dios, me parecen más “creibles”.) La única diferencia que veo es que a los cleronomigios los inventé yo para ilustrar que no requiere fé para creer que algo no existe aunque no se pueda demostrar que no existe.

Así pues, conjeturo que Canek solo siente que ser ateo requiere fé porque mucha gente se toma en serio a dios y lo ha hecho durante mucho tiempo ya. Espero no ofender al grueso de la humanidad si digo que no le doy tanto peso a nuestras opiniones y conjeturas cuando se producen sin cuidado y método. Tal vez sea injusto que extrapole así de lo malas que resultan mis conjeturas en temas en los cuales no estoy educado, pero al menos prueba que no es difícil adivinar estupideces.

Probablemente sea simplemente cuestión de educación. A final de cuentas probablemente solo salí ateo porque mis papás lo son, la mayoría practicamos la religión de nuestros padres sin pensarlo dos veces. Pero hay una diferencia entre Canek y yo. Canek me ha dicho varias veces que lo educaron ateo. A mi no, nunca me hablaron, que yo recuerde, sobre dios y su no existencia. Para decirlo de otro modo: para cuando me enteré que mis papás son ateos, yo ya lo era también. Eso probablemente explica porque no siento, como Canek siente, que dios sea especial entre todos los pobres seres que no existen.

(Para ser justo debo decir que no me consta qué quiere decir Canek con que lo educaron ateo y posiblemente le pasó como a mi. En cuyo caso no tengo conjeturas acerca de nuestra diferencia.)

Puede ser también, aunque no lo veo tan probable, que Canek sea de esas personas que están más gusto teniendo fé en algo. (Para que quedé claro, no le veo nada de malo a querer tener fé en algo: la mayor parte de la gente es así, sino es que todos somos – aunque no sabría en que, si es que en algo, tengo fé yo.)

Me parece pues, que hay una escala de atracción por la idea de dios. En un extremo están los fanáticos religiosos, por en medio están la gente con una creencia sana y normal en dios, luego vienen los que como Canek no son suficientemente atraídos por dios como para creer en él pero sí lo suficiente como para “no permitirse” el uso del sentido común para descartarlo. Luego venimos los que no vemos a dios como caso especial y lo echamos al montón con los cleronomigios. Después vienen, me imagino, los ateos que no se divertirían escribiendo sobre dios en sus blogs.

Autor: Omar

re(des)conocido autor de 1.0 blog(s).

4 thoughts on “Modos de ser ateo”

  1. Dos cosas; cuando digo que me educaron ateo, es muy parecido a ti, sólo que además de que nunca me hablaron de dios, cuando descubrí el concepto yo sí lo pensé mucho antes de decidir no creer en él, además de que antes de forma “automática” (como tú) tampoco lo hacía.

    Me parece importante la aclaración porque me molesta que se diga de mí que soy algo por alguna razón distinta a mi libre albedrío: es como mucha gente que asume que soy de izquierda porque mis padres lo son. Lo cual es idiota; soy de izquierda porque decido serlo.

    La segunda cosa: no es que yo “sienta” que dios sea un caso especial entre todos los seres inexistentes; es que el concepto de dios es filosóficamente un caso especial: te guste a ti o no. No lo ves así probablemente (ahora conjeturo yo) porque sencillamente te da hueva pensar en ello (lo cual es muy válido; como digo en mi blog es pendejísimo perder el tiempo pensando en seres cuya existencia son irrelevantes a la nuestra).

    Y tu cadena infinita de creadores hacia atrás, por divertida que sea la idea, no aplica al concepto de dios porque sigues pensando como humano en este universo: como el concepto de dios está encima de todo eso, cabe la posibilidad de que no necesitara a su vez un creador. Puedes concluir lo que se te pegue la gana cuando no te estorban nimiedades como la lógica o la razón, que (es posible) sólo apliquen a este universo.

    Que es justamente una de las razones por las que decido no creer en dios. Y por las cuales no afirmo que no exista.

  2. Me gusta que creas que estaría de acuerdo contigo si tan solo no fuera huevón y pensara un poco… Lo voy a tomar como cumplido.😉

    En el único sentido en que a mi huevona falta de pensar le parece “cabrón filosóficamente” el concepto de dios es que, si dios quiere, podría ser imposible hallar evidencia en contra de su existencia. O sea, dios puede arreglárselas para que ninguno de nuestros argumentos y emperimentos de evidencia a favor o en contra de su existencia. ¿Es eso lo que ves de especial?

    De nuevo, perdona mi hueva, pero sin pensarlo durante meses me suena que los cleronomigios están en el mismo caso. Te recuerdo que los inventé completamente ajenos del universo, sin alterarlo en ningún aspecto mientras nos observan. Por definición son absolutamente indetectables.

    Y me los saqué de la manga (o como dicen en inglés, del culo).

    ¿Requiere fé negar a los cleronomigios o basta el sentido común?

  3. No soy (ni nunca he sido) alguien que apoye la idea del “último martesismo“; no es eso lo que considero “especial”. Lo que yo veo de especial, y lo hace cualquiera que de verdad lo intente pensar profundamente, es un concepto filosóficamente muy profundo que no nos sacamos del culo. La pregunta de “¿cómo es que esto llegó a ser?” (que no es igual a “¿quién creó esto?”) es al fin y al cabo la base de la ciencia y el deseo de saber del ser humano; y yo quiero creer que yo soy un científico. Al menos lo intento.

    No es que diga que no pienses (jamás diría eso, y si mi pobre capacidad de intentar darme a entender lo ha sugerido te pido una disculpa), sólo no creo que jamás lo hayas pensado profundamente, porque no se te pega la gana. Tú sólo quieres hacer chistes al respecto (y muy buenos, por cierto, como siempre). Que además ya dije que creo que es la posición inteligente; estar pensando en este tipo de cosas es pendejísimo (y es la tercera vez que lo digo).

    Otra idea no sacada del culo de nadie es el solipsismo, y le doy el mismo peso filosófico que le doy a la pregunta de la existencia de dios. Estoy seguro que conoces la idea, pero para tus lectores explico brevemente que el solipsismo viene de aplicar una lógica implacable al axioma de “si pienso, entonces existo”. Si uno lo lleva a sus extremos, resulta que lo único que uno puede demostrar es la existencia de uno mismo; todo lo que existe alrededor de uno puede ser una ilusión muy elegante.

    Por supuesto tampoco creo que tú y el resto del universo sean invenciones mías; pero un matemático como tú debería apreciar la belleza lógica del argumento. Claro, probablemente no perderías más de un nanosegundo para decir “esto es una bola de mamadas”; y (¡repito!) esa es una postura muy inteligente: es muy sencillo perder precioso tiempo pensando en estas pendejadas, sobre todo considerando que en este tipo de cosas la única conclusión que tiene sentido al final es que no importa si existe o no un dios o si el universo es o no invención de mi mente.

    Cuando preguntas si el concepto de dios es importante porque “puede arreglárselas” para lo que sea sólo muestra que no te estás tomando la molestia de pensar profundamente en dicho concepto. Que se me hace muy sano (repite él por quinta ocasión), y las bromas que sacas de ello muy buenas, y probablemente más valiosas en la red que mis diatribas acerca de dios y los derechos de los más desprotegidos. Yo soy muy clavado; estoy plenamente consciente de ello, y es por eso que luego termino en la cárcel.

    Tu valemadrismo se me hace sano, y además igual de válido que mi clavadez. Pero (y esto también lo repito) sólo porque a ti te valga madre un concepto (que es al fin y al cabo lo que está pasando en el fondo) no quiere decir que ese concepto no sea especial. Si no quieres perder el tiempo clavándote en los detalles filosóficos intrínsecos de dicho concepto está bien. Pero no porque tú no lo veas o lo quieras negar el concepto deja de ser un caso especial.

    Mi clavadez haría que siguiera esta discusión ad infinitum, pero realmente no creo que tenga nada más que decir, y aquí le voy a parar. Por supuesto es tu blog y tú tienes en él la primera y última palabra; sólo estoy avisando que si me planteas más preguntas de este tema en esta entrada, yo ya no las voy a contestar (especialmente considerando que a pesar de tu valemadrismo también es cierto que tienes problemas con dejar ciertas cosas ir).

  4. Oye, ¿y dónde quedan los agnósticos en esa escala de atracción a la idea de dios? ¿Son los que no tienen sentido común o los que creen que la existencia de un dios como Dios es irrelevante?
    Tal vez debiste agregar que los cleronomigios son tan inmateriales e indetectables que se deprimen, lo que hace que deseen ser adorados y amados incondicionalmente por su humano correspondiente. Supongo que ha de haber un cleronomigiosicólogo que les dice qué hacer para superar sus depresiones sin el amor de seres que difícilmente los pueden detectar, que mejor se amen entre ellos…

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