El pequeño Eduardo

La blogósfera está llena de noticias del nacimiento de mi hijo Eduardo y supongo que ya debería decir algo al respecto.

Primero, confirmo que ocurrió y que en general los detalles de las noticias son correctos, pero advierto que de leer esta entrada del Charo, podrían quedarse con la impresión de que él cree que le cambiamos el nombre a Eduardo. Esto, sin embargo, es falso, es decir, el Charo no cree realmente que le hayamos cambiado el nombre al niño [1] (y tiene razón: no se lo cambiamos).

Segundo, oir sobre un bebé recien nacido es aburrido (en resumen: dormir le da hambre, comer le da sueño), bastante más que ver fotos y muchísimo más que arrullarlo, darle de comer o cambiarle los pañales; por eso, me limito a contar sobre él que tiene felices a sus papás y que tiene bastante buen carácter (y esta diferencia con respecto a sus padres cuando ellos eran bebés contribuye a la felicidad que sienten, supongo).

Paola está muy bien, aunque todavía se cansa fácilmente (y, contreras que es, es difícil convencerla de descansar a veces), y está adaptándose a su nuevo papel como fuente de alimento. Incluso vive más sano: el bebé, como muchos torontonianos, exige leche orgánica por lo que a Paola no le damos ni antibióticos, ni esteroides y la alimentamos principalmente de granos cultivados sin insecticidas.

Eduardo lleva apenas dos semanas de nacido, así que es normal que no tengamos aún buenos consejos para futuros papás. Sigo creyendo que el mejor es el consejo que me dieron mis papás: ignora los consejos que te den sobre como criar a tu hijo. Tal vez eso es demasiado burdo así, pero es fácilmente refinable (de esta versión no culpen a mis padres):

  1. Ignora los consejos que te de gente que no tiene hijos.
  2. Ignora los consejos que te de gente cuyos hijos te caigan mal.
  3. Considera, si quieres, consejos que te de gente al menos uno de cuyos hijos no te caiga mal, pero siéntete absolutamente libre de ignorar dichos consejos.
  4. Sé cortés mientras escuchas todos estos consejos, recuerda que (muchas veces) te los dan para mostrar empatía (o incluso, con la intención de ayudarte).

Cuando me dan consejos de buena fé siento algún pequeño compromiso a considerarlos si no seguirlos, pero no todo mundo cría hijos de la misma forma y algunos pares de consejos que uno recibe son contradictorios (o van contra alguna opinión clara que uno tiene sobre el asunto). Por eso me gustó que mis papás me dijeran esto: de alguna manera me dió un poco más de aplomo.

Desde luego, si este consejo no les gusta, siéntanse libre de seguir mi consejo ignorándolo.

—————

[1] Charo 2008, comunicación personal.

Autor: Omar

re(des)conocido autor de 1.0 blog(s).

6 thoughts on “El pequeño Eduardo”

  1. ¿Se valen consejos de alguien que ha sido hijo? Porque si sí, me gustaría sugerirte algunas cosas para no traumar al Lalo.

    (Que alguien haga que los corderos se callen por favor).

  2. Don Omar
    (aunque su señora dijo alguna vez que eso se oía como reggetonero)
    Tengo a bien felicitarlo por el nacimiento de su primogénito.
    Ojalá el aire torontoico le siente de maravilla.
    Saludos de un sincero admirador suyo
    ( aún recuero la respuesta a la pregunta de los Axiomas de Peano, descrita al reverso de la hoja)
    fcuriel

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