Larsaro

Picado tal vez por mi nuevo blog o porque borré el suyo, Lars Gómez ha decidido salir del retiro y escribir otro poema. A juzgar por el resultado, Lars estuvo leyendo a Burroughs:

neon rythms, pulsing lights
gyrate so the spark ignites
tumbling laughter leave a trace
on her smooth and swollen face
lift it higher, looky-lou
don’t perspire while you do
keep your form and keep it close
are you ready for your dose?
don’t you know what it can do?
can’t you see it loves you to?
flame is growing, start and stop
dancing music, tabletop
listen to the sister growl
keeping always on the prowl

a wise and ancient being fled
sinking now in holding-tank
as squishy wet as feather bed
stranded here with mind a blank

hurts my eyes this thorny light
hurts my eyes this thorny light

Cariciería

Me trataron de vender la idea de que apreciar mediante el tacto diversas texturas era un arte menor, pero yo no estaba de humor. Preparar texturas para que alguien más las toque podría quizás ser un arte, pero tocarlas obviamente no. Es estúpido: poco falta para que me digan que pintar es cualquier cosa, pero ver un cuadro, eso, eso sí es un arte. ¿Esculpió una mujer sin brazos que perdurará en la cultura por siglos? Bah, cualquiera puede, pero yo, yo la ví. ¿Qué puedo decir? Soy un artista, así nací. La música de Bach está simpática, pero yo, yo la oigo. ¿Bach? Pobre diablo sin talento.

Que quedé muy claro: ser espectador es más fácil que ser creador. Es más fácil leer una novela que escribirla, más fácil ir al cine que dirigir una película, más fácil recitar un poema que componerlo, más fácil aplaudirle al bailarín que imitar sus pasos. Incluso fuera del arte: es más fácil comer arroz que prepararlo, más fácil aprender a leer un idioma que a escribirlo, más fácil gritar gol que anotarlo, más fácil festejar la victoria que blandir la bayoneta y más fácil apuntar hacia abajo el pulgar que enfrentar al león.

Sobre hacer lo que uno quiere

Hace varios días platicando con un amigo hice una afirmación que él juzgó muy falsa.

Dije que uno hace lo que quiere.

La violencia de su reacción –pequeña, no quiero que esto se malinterprete– me pareció entendible pues mi amigo expende una cantidad apreciable de energía en sentirse trágico. En la tragedia clásica a los personajes muchas veces no se les permite elegir sus acciones sino que éstas son dictadas por el destino o los dioses. Mi amigo es personaje de una tragedia moderna y por ende difiere su caso en dos puntos importantes: primero, no hay un coro que brinde comentario; segundo, no son el destino o los dioses sino la sociedad o las circunstancias quienes rigen.

En el fondo la discusión que siguió a mi afirmación no tuvo gracia. Sólo usamos de forma diferente las palabras. Cuando uno debe tomar una decisión evalúa las opciones que tiene y elige una. Yo decía que eso es hacer lo que uno quiere, mi amigo a eso le llama meramente hacer lo que uno decide, y agregó que muchas veces uno decide hacer algo no porque quiera sino porque es lo menos malo disponible. Es decir, cuando ninguna opción agrada, yo digo que quiero la menos mala y mi amigo dice que no quiere ninguna.

Su forma de usar la palabra querer tiene muchos méritos. Con el otro uso uno tiene que recurrir a cosas como “lo que quiero hacer no me atrae”, o incluso, “no deseo hacer lo que quiero” –que definitivamente suena absurdo. Mi amigo en cambio puede decir cosas como “no quisiera tener que hacer esto” o “no quiero, pero debo”, cosas mucho más naturales. En ese aspecto gana decididamente y planeo usar de aquí en delante su acepción.

Por otra parte, mi acepción no me parece tan absurda cuando no la considero como construcción sintáctica. Regresemos al momento de la decisión: hay una situación, una lista de opciones, uno considera las opciones y elige una. ¿Qué opciones entran en la lista? Si pragmáticamente uno incluye sólo las factibles, uno puede elegir de ellas la que prefiera. Si, en cambio, uno incluye sueños guajiros, puede fácilmente encontrarse en la penosa situación de no poder llevar a cabo su opción preferida. Es la diferencia entre aquí-y-ahora y si-en-algún-lugar-pudiera (suspiro).

Tal vez haya algo más que una diferencia de palabras en nuestra discusión pues. Tal vez sea una cuestión de actitud. Realmente no creo que haya quien al construir listas de opciones incluya siempre únicamente viables; desde luego, todos sabemos que haríamos en circunstancias ideales, o que haríamos si no fuera por las consecuencias. Pero indudablemente sobre algunos la idea del en-un-mundo-ideal-podría ejerce más fascinación que sobre otros. Entre los fascinados están los soñadores, enérgicos arquitectos de esplendorosos y aerodinámicos castillos — bienaventurados sean los inocentes. Pero están también los personajes de tragedia que no gustan de su lugar, están también los amargados.

Titularse con la pena

Por primera vez en mi vida escribo una entrada personal en una bitácora. Quiero ver si es tan mala idea como suena… Tengo muchos prejuicios al respecto, y si no me resulta cómodo tendré que llenar No tan diario de rollos, desvarios y despotriques sistemáticos.

Supongo que es personal El Principal Problema Conmigo. Me hago ilusiones de que cuestionados acerca de esto mis amigos concordarían conmigo (es decir, con lo que yo diría cuestionado al respecto, que puede o no ser mi opinión acerca del Principal Problema Conmigo) diciendo que es mi título de licenciatura, concretamente, su falta.

Entré a la universidad a finales de 1998, siglo, milenio, pasado, pasado. Pensé que sería divertido y por divertido fácil; siempre he querido estudiar matemáticas así que ganas no me faltaban. Los cursos fueron divertidos, como esperaba y se me fueron como agua. (Si están indecisos acerca de su carrera y han considerado matemáticas no lo piensen más.)

Después… Nada… Durante mucho tiempo… nada. No hacía y no hacía y no hacía mi tesis. Luego, la hice, pero no la escribía y no la escribía y… Bueno, ya casi acabo, pero si a alguien le interesa la cronología fueron 3 largos años (que me parecen un parpadeo). Se que hay personas que me perdieron la fé y sinceramente espero que no me importe.

Pero he aprendido que sí me importa y me apena. Ha sido díficil por fin escribir esa tesis y hacer los trámites aguantando los regaños y las felicitaciones. Hoy le escribí a un amigo que está en Egham, Surrey haciendo el posgrado, a un amigo que nunca tuvo mi problema e hizo una fabulosa tesis en un tiempo admirable (gano el Premio Sotero Prieto), a un amigo que tal vez no me entienda del todo por no tener mis defectos. Le dije:

Sigo sin entender como me pasó lo que me pasó, pero ya sé como se hubiera podido evitar: cuando acabas los cursos, deberían de hacerte llevar un sleeping bag, un abrelatas y un titipuchal de latas de sardinas a la sección escolar. Ahí te citan en algún salón algún día a alguna hora. Cuando llegas cierran la puerta a tu espalda y oyes el cerrojo antes de poder voltear. Cuando corres a protestar se abre una ventanitita en la puerta y tu asesor te da una tarjetita con tu tema de tesis y los libros y artículos convenientes. En el salón hay hojas, lápices, tu sleeping y tus latas de atún. Al día siguiente entregas un bosquejo de la tesis y te devuelven a cambio tu abrelatas…

No tengo muchas esperanzas. En la UNAM caben sólo dos mecanismos para cambiar los procedimientos burocráticos: el movimiento de las placas tectónicas y la erosión, geológicos ambos a más no poder.

Bienvenidos todos

Hola. Bienvenidos.

Este es mi segundo blog, pero el primero no cuenta. Después de oir mucho sobre ellos por parte de mis amigos (y sentir que me quedaba atrás), me dio curiosidad y quise empezar uno. Todavía no estaba convencido de querer continuarlo, pero empezar no es gran cosa.

Saqué una cuenta en blogger.com y contesté las preguntas con una reticencia que he descubierto en mí gracias a Internet y sus numerosos sitios de registro obligatorio. Decidí que sería Lars Gómez, de habla inglesa, padre hispano y madre escandinava. Mucho me temo que Lars no fue muy constante. Parecía cambiar violentamente de estilo entre una entrada y otra, o, para ser más precisos entre una entrada y la otra…

La idea me pareció atractiva inicialmente: Lars Gómez era libre de ser y hacer lo que él quisiera, siempre y cuando escribiera un blog personal (y verídico) al respecto. No pensé en la energía adicional que se requiere para ser otro, aparte de quién uno ya es y no puede descontinuar.

La eutanasia para humanos es un debate ético, pero con bits es un crimen postergarla, así que finalmente hice lo sensato y borré ese blog. Después para contrarestar esa sensatez decidí empezar otro, también personal pero de quién sí soy (y de tiempo completo, aunque a veces quisiera que no). No es que yo crea que soy muy interesante, o que lo admitiera si lo creyera, sino que creo que (1) nadie está obligado a leerme, de donde se deduce que no estoy obligado a interesar, y (2) probablemente haya algunas personas de estas seis mil millones a quienes yo les divierta, o como siempre digo: cada tema con sus locos.

Por cierto, cuando empecé el blog que no cuenta me preguntaron por qué escogí el nombre Lars Gómez. Respondí que fue el primero que me vino a la mente, cosa que aunque cierta no es toda la historia. Fui Lars Gómez una vez antes, cuando posteé a un sitio de poesía, la vez que lo hice. El poema era este:

In the ward

fingerpaintings curl and die
children’s doodles don’t know why
simple symbols of far times
wounded children, lonely mimes
tongueless now and restless too
sad and bored with ought to do
rolling gently up and down
gliding slowly into town
listen keenly in the dark
padding softly, naked stark
worried helpless and alone
where no light has ever shone
frightened mutes with much to say
fingerpaint throughout the day

Eso fue hace varios años y ya entonces Lars no era muy productivo: no escribió otra cosa antes de su blog biposteado. Espero ser más constante que él y juro intentar escribir con frecuencia, aunque desde luego, no tan diario.

Omar