NeXT y Mathematica hace veinte años

Anoche que estuve platicando con Canek, me enseñó un video de Steve Jobs presentando el sistema operativo NeXTSTEP 3 de las computadoras NeXT. Tenía años que yo no había pensado en esas computadoras y me puse a contarle a Canek mis recuerdos al respecto. Canek, que tenía bastante sueño, me juró que no lo estaba aburriendo (sin que yo le preguntara e incluso, sin haber sospechado, antes de que él lo mencionara, que lo estaba aburriendo) y me pidió que le dejara de platicar por Messenger y mejor pusiera la anécdota en mi blog, donde sería más fácil para él ignorarla sin que yo me diera cuenta.

Decidí hacerle caso porque (1) se fue a dormir y (2) tiene mucho tiempo que no escribo una entrada; tal vez tener una que no tenía intención de escribir me empuje a conseguirme una de esas valiosas intenciones y escribir otra entrada.

Las NeXT eran unas computadoras fabulosas, adelantadas a su época, que salieron a finales de los ochenta y principios de los noventa. La compañía NeXT la fundó Steve Jobs cuando lo corrieron (u obligaron a renunciar, más precisamente) de Apple. (Años después Apple compró NeXT y Jobs volvió a trabajar para Apple.) Conocí las NeXT en Torreón, hace unos 20 años, en el Tecnológico de Monterrey Campus Laguna, donde mi papá se veía obligado a trabajar por las duras circunstancias económicas. No creo que comprar las NeXT haya sido una gran inversión para el Tec, tengo la impresión de que no las usaban mucho y de que, de hecho, no las sabían usar muy bien. Un día en una especie de feria que hacen en la cual presumen las instalaciones a los potenciales alumnos (tal vez más bien a sus papás), al ver como batallaba el tipo encargado de mostrar la NeXT le ofrecí ayuda, y acabé dando una demostración de su uso durante un par de horas. En mercadotecnia no son tan malos en el Tec: pronto empezaron a decirle a los espectadores que habían comprado computadoras tan avanzadas que hasta un niño podía usarlas.

El programa que yo más usaba en la NeXT era Mathematica, un programa para realizar cálculos matemáticos bastante conocido. Me sorprendió mucho darme cuenta anoche que llevo cerca de veinte años usando Mathematica.

No sé para que lo habré usado en aquel entonces; no puede haber sido para algo muy interesante dado que no sabía muchas matemáticas, pero recuerdo haber pasado horas frente a la NeXT usando Mathematica. Ciertamente me impresionó poder hacer cuentas con enteros muy muy grandes (fue el primer lenguaje de programación que conocí que lo hace cómodo). Recuerdo que una vez, tratando de ver que tanto podía hacer Mathematica, quise calcular el primo número 105,000,000. Accidentalmente pedí el primo número 105,000,000! (¡factorial!). La NeXT respondió, después de unos minutos, con una ventana que decía “You killed the system!”, en un tamaño de letra modesto para tan dramática acusación.

En esos años teníamos una computadora 286 en la casa, y probablemente no podía correr Mathematica. Ciertamente no tuve Mathematica en casa hasta varios años después, cuando teníamos una 486, vivíamos en Ciudad Juárez y yo estaba en la secundaria. Recuerdo mucho más acerca de que cosas hacía con Mathematica en esos años. Recuerdo haber escrito un programa que jugaba gato y un programa que podía resolver los problemas de edades del Baldor de Álgebra (esos del estilo de “Juan hace tres años tenía la mitad de la edad de José y dentro de cuatro años tendrá cinco años menos que el doble de la edad de Rosita quien el año pasado tenía …”).

También recuerdo una ocasión en la que me encargaron de tarea en la clase de matemáticas (probablemente en segundo año de la secundaria) resolver una lista de cincuenta (cincuenta, carajo) sistemas de ecuaciones lineales de dos ecuaciones con dos incógnitas. Cada sistema había que resolverlo tres veces, usando cada uno de Los Tres Métodos: sustitución, suma y resta, y el método gráfico. No me siento muy seguro de los nombres de los tres métodos, pero definitivamente eran (1) despejar una incógnita de la primer ecuación y sustituir en la segunda, (2) eliminar una incóngita tomando una combinación lineal de las dos ecuaciones y (3) graficar ambas rectas y marcar con otro color el punto de intersección. (Me da ternura recordar lo que enseñaban de matemáticas en la secundaria. Mi ejemplo favorito son las Tres Leyes del Coseno: ¡una por cada lado! Y había otras tres con los ángulos despejados, las Tres Leyes del Coseno para Calcular los Ángulos.)

Me daba muchísima flojera resolver por Los Tres Métodos un sistema de ecuaciones, no se diga cincuenta, así que decidí hacer un programa que lo hiciera por mí. Al maestro le pedí permiso de entregar la tarea “a máquina”, desde luego, sin mencionar que pensaba automatizar su factura. Realmente había algo que programar porque aunque Mathematica puede resolver sistemas de ecuaciones (y mucho más complicados que los de la secundaria) con una sola instrucción, mi tarea tenía que incluir Todos Los Pasos. Pasé un buen rato depurando mi programa, enseñándole a la computadora que cuando un término es exactamente cero se ve idiota escribir que lo pasas restando, que se ve igualmente idiota decir que pasas 1 dividiendo, etc.

Teniendo solo una impresora en blanco y negro, no pude automatizar lo de marcar el punto de intersección en otro color…

Mi mamá se preocupó un poco por mi educación al ver como hice la tarea. Pensó que al brincarme la talacha iba a perderme del beneficio que la tarea estaba diseñada para darme. Afortunadamente para mí, mi papá me defendió explicando que solo es posible escribir un programa que resuelva las ecuaciones paso a paso si entiendes muy bien el procedimiento. (Este argumento solo explica porque no hacer tanta talacha no me evitaba entender Los Tres Métodos, pero deja de lado los potenciales otros beneficios que resolver 50 sistemas de ecuaciones tres veces cada uno pueda tener en la formación de los jovenes. Afortunadamente mi mamá no reparó en esto.) Ahora estoy de acuerdo con lo que dijo, pero en aquél entonces probablemente no tenía opinión al respecto, solo sabía que era muchísimo más divertido programarlo que hacerlo a mano.

La poesía accidental de Cousteau

No esperaba que songza.com armara un poema con los títulos de las canciones de la banda británica Cousteau (lo presento traducido al español y ligeramente editado):

Ella no escucha tu plegaria.

Llegará tu momento.

Malditos sean estos tiempos,

después de la caída:

ecos

y mal tiempo.

¿Cómo sabré

saltar en el río

el último buen día del año?

El último secreto del mar:

hipnotizar

sin medicamento.

Juro que en ese orden las listó. Ni siquiera tuve que orderlas yo, como hizo Lisa (Simpson) con las frases atormentadas de Moe (Syzlak).

¿Qué es un blog?

Despreocúpense aquellos que me desconozcan suficiente como para esperar por el título de esta entrada una profunda  discusión filosófica sobre el significado de los blogs, su papel en la sociedad y otros temas que ni me imagino pero que serían de interés de teóricos de medios.

No hay nada de eso aquí: ofrezco sólo, como es mucho más usual aquí, una queja lingüística. Nunca me ha gustado que se use la palabra blog para las entradas individuales de la única cosa a la que yo llamo blog. Me parece ridículo usar el mismo nombre para el recipiente y las cosas que lleva dentro. Decirle blog a cada entrada de un blog sería como decirle enciclopedia a cada artículo de una enciclopedia. Suena idiota: Trabajo en Microsoft escribiendo enciclopedias para la próxima edición de la Encarta.

Sería como decirle carritos de supermercado a todas mis frutas, verduras y carnes solo por llevarlas en un carrito.

Pero no escribo sólo para quejarme: escribo para admitir derrota (condicional). José Saramago usó blog para referirse a una entrada de su blog –Saramago, infinitamente más ducho que yo en el uso de las palabras. Mi derrota es condicional porque no sé varias cosas relevantes:

  1. Yo leo su blog en español; no sé si él mismo lo escribe en español o si un asistente traduce la versión portuguesa.
  2. No he querido ver la versión en portugués para ver si ahí también usa blog así.
  3. Aunque viera la versión en portugués y sí usara blog como no me gusta, me quedaría la duda: ¿no será suficientemente distinto el portugués del español como para que no suene idiota decirle blog a cada entrada de un blog?

Pero es perfectamente posible que Saramago opine que blog para entrada es español perfectamente empleado, en cuyo caso, conciente de que su lengua natal es portugués pero aún así calculando que sabe más español que yo, concedo la victoria a la autoridad y dejo de quejarme de esto.

Pero no me van a hacer a mi decirle blog a las entradas de un blog. ¿Dónde acaba esa locura? ¿También hay que decirle blog a cada palabra de cada blog de cada blog?

Mi anagrama favorito

Si ven Los Simpsons, saben que genuine class es una descripción anagramática de Alec Guinness, es obvio que Axl Rose se puso el nombre pensando en oral sex, y es clásica la observación de Bretón de que Salvador Dalí es anagrama de ávida dollars; pero mi anagrama favorito hasta el momento es uno de Banach-Tarski:

Banach-Tarski Banach-Tarski.

——-

P.D. Cuando leí este anagrama hoy me sentí idiota por no haber inventado este chiste hace años…

Buen carácter

Paola, Eduardo y yo venimos a Ciudad Juárez para que mis papás conocieran a su nieto. Predeciblemente, les gustó mucho. Y a Eduardo parecen caerle bien mis papás y mi hermano, lo cual es un alivio: siempre es incómodo que tus amigos no se lleven bien entre sí.

Mi mamá me ha dicho varias veces durante esta visita que si yo hubiera tenido tan buen carácter cuando era bebé como tiene Eduardo, habría tenido veinte hijos.

Solo tuvo dos.

Me siento mal por los otros dieciocho y si el problema no fuera justo que no existen, les pediría una disculpa.