Canción de cuna

Sábado, 26 de Abril, 2008

Actualmente mi canción de cuna favorita es Everything’s Alright del excelente musical Jesucristo Superestrella (música de Andrew Lloyd Weber, letras de Tim Rice). Las partes que canta María Magdalena definitivamente son para arrullar a alguien (Jesús, de hecho):

Try not to get worried
Try not to turn on to
Problems that upset you
oh Don’t you know
Everything’s alright
Yes everything’s fine
And we want you to sleep well tonight
Let the world turn without you tonight
If we try
We’ll get by
So forget all about us tonight

Sleep and I shall soothe you
Calm you and anoint you
Myrrh for your hot forehead
oh Then you’ll feel
Everything’s all right
Yes everything’s fine
And it’s cool and the ointment’s sweet
For the fire in your head and feet
Close your eyes
Close your eyes
And relax
Think of nothing tonight

(Estoy tentado de conseguir mirra para untársela en la frente al pequeño Eduardo en las calientes y húmedas noches de verano Torontonianas; supongo que si venden mirra en alguna parte, habrá en Kensington Market.)

La parte que canta Judas y lo que le responde Jesús están demasiado politizadas como para un bebé tan chico y me abstengo de cantarlas:

Judas:

Woman your fine ointment
Brand new and expensive
Should have been saved for the poor
Why has it been wasted?
We could have raised maybe
Three hundred silver pieces or more
People who are hungry
People who are starving
Matter more
Than your feet and hair

Jesús:

Surely you’re not saying
We have the resources
To save the poor from their lot?
There will be poor always
Pathetically struggling
Look at the good things you’ve got!
Think while you still have me
Move while you still see me
You’ll be lost
You’ll be so sorry
When I’m gone


El pequeño Eduardo

Jueves, 17 de Abril, 2008

La blogósfera está llena de noticias del nacimiento de mi hijo Eduardo y supongo que ya debería decir algo al respecto.

Primero, confirmo que ocurrió y que en general los detalles de las noticias son correctos, pero advierto que de leer esta entrada del Charo, podrían quedarse con la impresión de que él cree que le cambiamos el nombre a Eduardo. Esto, sin embargo, es falso, es decir, el Charo no cree realmente que le hayamos cambiado el nombre al niño [1] (y tiene razón: no se lo cambiamos).

Segundo, oir sobre un bebé recien nacido es aburrido (en resumen: dormir le da hambre, comer le da sueño), bastante más que ver fotos y muchísimo más que arrullarlo, darle de comer o cambiarle los pañales; por eso, me limito a contar sobre él que tiene felices a sus papás y que tiene bastante buen carácter (y esta diferencia con respecto a sus padres cuando ellos eran bebés contribuye a la felicidad que sienten, supongo).

Paola está muy bien, aunque todavía se cansa fácilmente (y, contreras que es, es difícil convencerla de descansar a veces), y está adaptándose a su nuevo papel como fuente de alimento. Incluso vive más sano: el bebé, como muchos torontonianos, exige leche orgánica por lo que a Paola no le damos ni antibióticos, ni esteroides y la alimentamos principalmente de granos cultivados sin insecticidas.

Eduardo lleva apenas dos semanas de nacido, así que es normal que no tengamos aún buenos consejos para futuros papás. Sigo creyendo que el mejor es el consejo que me dieron mis papás: ignora los consejos que te den sobre como criar a tu hijo. Tal vez eso es demasiado burdo así, pero es fácilmente refinable (de esta versión no culpen a mis padres):

  1. Ignora los consejos que te de gente que no tiene hijos.
  2. Ignora los consejos que te de gente cuyos hijos te caigan mal.
  3. Considera, si quieres, consejos que te de gente al menos uno de cuyos hijos no te caiga mal, pero siéntete absolutamente libre de ignorar dichos consejos.
  4. Sé cortés mientras escuchas todos estos consejos, recuerda que (muchas veces) te los dan para mostrar empatía (o incluso, con la intención de ayudarte).

Cuando me dan consejos de buena fé siento algún pequeño compromiso a considerarlos si no seguirlos, pero no todo mundo cría hijos de la misma forma y algunos pares de consejos que uno recibe son contradictorios (o van contra alguna opinión clara que uno tiene sobre el asunto). Por eso me gustó que mis papás me dijeran esto: de alguna manera me dió un poco más de aplomo.

Desde luego, si este consejo no les gusta, siéntanse libre de seguir mi consejo ignorándolo.

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[1] Charo 2008, comunicación personal.


Aforismo sobre cadenas de Markov

Jueves, 6 de Marzo, 2008

Hoy en uno de mis cursos el maestro dijo que era mejor para el futuro invertir la dirección del tiempo…


Going Native

Lunes, 3 de Marzo, 2008

Ahora que vivimos en otro país, he tratado de adoptar las costumbres locales, para experimentar de manera más auténtica vivir aquí. Desde luego, la costumbre que suele ser la más difícil de adoptar es el hábito de hablar en otro idioma. Sabiendo eso y siendo flojo, solo consideré opciones en países de habla hispana o inglesa cuando decidí donde estudiar el doctorado. (A final de cuentas solo hice solicitud en la universidad de Toronto, donde estudio ahora, y, por si acaso, en la de Waterloo –eso es Waterloo, Ontario, Canadá, no el Waterloo del que canta ABBA, donde Napoleón libró su última batalla.) Aún así, tanto el inglés como el español tienen muchas variantes y me podría haber tocado hacer un esfuerzo por hablar como los nativos o incluso para entenderles.

Aquí en Toronto no tuve ese problema, lo cual es normal, supongo, dado que aprendí inglés en Toronto cuando era chico (mi papá también estudió en la universidad de Toronto, cuando yo tenía entre 1 y 7 años –y, mmh, mis papás me trajeron a Canadá con ellos). Mi acento pasa por torontoniano sin mucho problema aunque parece ser bastante genérico: me confunden con “norteamericano” –quieren decir canadiense o gringo– pero no de algún lugar específico. (Tengo un par de anécdotas sobre eso: una es que una vez me preguntaron porque fue que viví en México tanto tiempo, por lo que contaba sonaba como que había estado ahí varios años; otra es que unas turistas neoyorquinas en Oaxaca, que me pidieron direcciones en español y a quienes les contesté en español antes de decidir que su acento era gringo –Oaxaca tiene turistas de muchos lados– y hablarles en inglés, me dijeron que las tenía engañadas, que mi español era tan convincente que llegaron a creer que era mexicano…)

Cuando veníamos para acá Paola me preguntó si los canadienses hablaban inglés igual que los gringos. Le dije que básicamente sí, que algunas palabras eran distintas y que había un mito de un acento canadiense, pero que me parecía que ya solo lo conservaban comediantes gringos que se burlaban de los canadienses. Cuando llegamos al aeropuerto en Mississauga y Paola oyó al maletero me preguntó de dónde era el tipo, por qué se oía tan raro. Tuve que decirle que tenía el mítico acento canadiense que según yo no existía ya… Ahora ya sé que realmente solo se ha perdido en las ciudades grandes y no totalmente. (En la televisión y en las películas suelen hablar con esos acentos norteamericanos genéricos, supongo que para hacer marginalmente más faćil su éxito en el lucrativo mercado gringo, y por eso yo tenía la impresión de que no hablaban con el acento estereotípico.) De mis amigos canadienses solo tienen un acento marcado algunos de los que son de lugares chicos (y no todos el mismo acento, pero todos reconociblemente canadiense). Los torontonianos tienen poco acento identificablemente canadiense y esto no permite distinguirlos fácilmente de los gringos de ciertas partes de Estados Unidos. Pero incluso algunos torontonianos que conozco dicen about rimando con boot y acaban buena parte de sus enunciados con el típico eh (pronunciado como el nombre de la letra a en inglés).

Como empecé diciendo, quiero pasar por nativo lo más posible, así que he tratado de aprender el idioma local. El asunto del acento –que hubiera sido de otro modo lo más difícil: por ejemplo, nunca se me quitó mi acento chilango en español a pesar de vivir 10 años en el norte de México– básicamente resuelto, me quedaba principalmente algunas cuestiones de vocabulario (el mío era más bien gringo, por las películas y los libros). Así que aprendí a decir washroom en lugar de restroom, toque (se pronuncía más o menos como “tuc” se pronunciaría en español y no “toc” como en el francés del que viene, ni como took, el participió de take, como inicialmente creía yo) en lugar de beanie o skull cap, zed en lugar de zee (muy importante en matemáticas saber como se llama la letra z).

Bueno, ahora que lo pienso, si hay una cosa de acento que tuve que corregir: suenas muy poco torontoniano si dices Toronto, aquí se dice Toronno.

También aprendí cosas que no se si cuentan como asunto de idioma o de carácter nacional. Cuando me preguntan How are you? ya no contesto Fine u OK como antes, sino Not bad o Not too bad (respectivamente). Ya no digo that was nice, sino that wasn’t bad; en lugar de awesome ahora digo pretty good, eh? en un arrebato de entusiasmo.

Un cambió al que siendo mexicanos me apena confesar Paola y yo nos acostumbramos muy rápido es a saludar meramente hablando, sin tocar al saludado. No más apretones de mano ni besos en la mejilla. Tan poco he tocado extraños en el último año que cuando Carlos (un español) nos presentó a su esposa Jara (también española, aunque con ese nombre la aclaración me parece innecesario) y ella me saludó con un beso en cada mejilla, a la usanza española, sentí un pánico momentáneo.


Siqueiros en primera base

Lunes, 4 de Febrero, 2008

Estoy leyendo Writing Life, una antología publicada por PEN Canada, el sector canadiense de International PEN, una organización mundial de escritores. La antología es la tercera de una serie (las primeras dos se llaman Writing Away y Writing Home) publicadas para recabar fondos para las actividades de protección de libertad de expresión que realiza PEN. No estando de acuerdo con la libertad de expresión, no compré la antología sino que la saqué de una biblioteca. Ahora que lo pienso, el enunciado anterior da una mala impresión de mí y no debí haberlo escrito; no hay problema: esto, como tantas cosas, se resuelve con un poco de censura.

Me llamó la atención que México figure varias veces en los ensayos que componen el libro. Al parecer, varios escritores canadienses han visitado México, lo cual no debería sorprenderme porque los canadienses en general van mucho y porque los escritores gringos también - que recuerdé ahorita, por lo menos Ambrose Bierce (el gringo viejo de Carlos Fuentes), Jack Kerouac y William S. Burroughs (cuya novela Queer está ubicada en el D.F. y leí hace poco — está buena), James Ellroy repetidamente (a Tijuana, pero bueno). Incluso escritores ingleses visitan México, como Malcolm Lowry, Graham Greene y D. H. Lawrence.

El ensayo que contribuyó George Bowering a la antología incluye esta anécdota sobre Siqueiros:

La gente sabe que Siqueiros era un artista, un organizador de los trabajadores, un asesino y un comunista, pero la mayor parte de la gente no sabe que Siqueiros jugaba en primera base.

Siqueiros pasó buena parte de su vida en la cárcel o en el exilio. Cuando estaba fuera de la cárcel, estaba ametrallando la casa de Trotsky u organizando mineros o pintando grandes murales Marxistas. Cuando estaba encarcelado no lo dejaban pintar las paredes, así que usaba caballete y pintó miles de cuadros que hoy costarían mucho dinero.

A finales de los cincuentas, a Siqueiros le comisionaron crear un gran mural en las paredes del magínifico castillo de Maximiliano en el Bosque de Chapultepec, desde donde el gobernante de Hapsburgo fue arrastrado a su ejecución por los insurgentes mexicanos en cuyo honor está nombrado el gran bulevard Insurgentes. El castillo fue el cuartel general de una de las invasiones de E.U. a México, en la que los invasores fueron diezmados por los niños armados mexicanos ahora recordados en el nombre del gran bulevard Niños Héroes. El castillo de Maximiliano fue también la residencia del odiado dictador Porfirio Díaz. El mural de Siqueiros tendría como tema el derrocamiento de Porfirio Díaz.

Bueno, Siqueiros tuvo que hacer muchos de sus bosquejos para el mural mientras era prisionero en la cárcel de Lecumberri. Los sesentas fueron una época de disidentes en México como lo fueron en otras partes. En México, culimarían en 1968 con el asesinato por parte del ejército de estudiantes universitarios cuyas protestas el presidente creía pondrían en peligro el éxito de los Juegos Olímpicos y que le sugerirían al mundo que fue un error otorgar los juegos a una nación tan volátil. Mucha gente iba a ir a los juegos y el turismo es muy importante para la Ciudad de México. No se vería bien tener un mural a medio acabar en el castillo de Maximiliano y al artista encarcelado. Así que se decretó que David Alfaro Siqueiros saldría de la ćarcel de nuevo en 1964.

Miles de personas lo estaban esperando afuera de la prisión. Cuatro mil personas estaban esperándolo para hacerle una fiesta en el cine más grande de la ciudad. Yo vivía en la Ciudad de México entonces y quería ir al centro, pero no me gustan las multitudes y me quedé en casa en Churubusco.

Siqueiros no llegó a la puerta de la prisión a la hora anunciada. La enorme multitud que estaba esperando llevarlo al cien tuvo que esperar un par de horas. ¿Por qué?

Porque el equipo de beísbol de Siqueiros tenía un partido importante esa tarde y el era el hombre en primera base del equipo.

Siqueiros tenía 70 años.


Modos de ser ateo

Sábado, 2 de Febrero, 2008

Canek se me adelantó a escribir en su blog sobre una discusión que tuvimos sobre el ateísmo, en la cual descubrimos que somos ateos de manera ligeramente distinta y ambos quedamos convencidos de que somos “más ateos que el otro”.

Cómo dice él, diferimos sobre cuanta fé requiere ser ateo. Básicamente, como no se puede probar que dios no existe, Canek dice que uno decide si creer o no en él mientras que yo no veo mucha diferencia entre el cuento de dios y otros cuentos y no necesito activamente decidir no tragármelo. Canek, en sus palabras, no se permite aplicarle el sentido común a la existencia de dios y compensa esto con la decisión de no creer en dios.

Tal vez mi tendencia aplicarle el sentido común a esta cuestión sea genético: recuerdo que cuando mi hermano tenía cuatro años, una señora que conociamos le habló sobre el niño Dios. No recuerdo que le dijo sobre el asunto, pero me acuerdo muy bien que tras pensarlo una tarde mi hermano fue con la señora y le dijo que tenía algodón entre las orejas. Esa tarde fue lo más cerca que estuvo mi hermano de creer en dios.

Desde luego, ese dios que mi hermano rechazó es más claramente inexistente que el dios que solo crea el universo y luego no interactúa con él, el dios del que habla Canek. Pero sigo sintiendo que no necesito decidar nada: gente en tiempos remotos se preguntó porque hay algo en lugar de nada y decidió que tal vez fue porque alguien, un ser con inteligencia y conciencia, hizo ese algo. Me parece mala solución porque simplemente pasa el problema hacia atrás: ¿por qué existe el creador aquel? No sé, pero todo el asunto me suena improbable, antropomorfizante e ingenuo. Claramente dentro de lo que mi sentido común rechaza.

(Aunque debo confesar que me gusta la idea de una cadena infinita de dioses, cada uno creando al siguiente y el último, harto, creándonos a nosotros. Que bien podríamos volvernos el próximo dios en unos millones de años…)

Canek mencionó que le dije de los cleronomigios y que tampoco creía en ellos. Él parecía no haber oído sobre ellos y tal vez debí haberle contado la leyenda. Los cleronomigios son seres inteligentes muy tenues por decirlo de alguna forma: son incorporeos e indetectables, no interactúan con la materia de ninguna manera pero oobservan con habilidades metafísicas el universo (sin modificarlo en las formas en que la mecánica cuántica asegura lo hacen los canijos observadores). Hay un cleronomigio por cada humano, quizá uno por cada ser inteligente del universo (pero ciertamente no hay para las girafas). Cada quien fascina tremendamente a su cleronomigio que apasionadamente sigue todos los detalles de la vida de su humano. Tienen una profundidad de emoción que ni siquiera soñamos, pues incluso soñarla sería insoportablemente intenso.

Obviamente los cleonomigios están tan fuera de las leyes del universo como dios, pero probablemente Canek se permita usar el sentido común para no creer en ellos. (Cuando, siendo menos poderosos que dios, me parecen más “creibles”.) La única diferencia que veo es que a los cleronomigios los inventé yo para ilustrar que no requiere fé para creer que algo no existe aunque no se pueda demostrar que no existe.

Así pues, conjeturo que Canek solo siente que ser ateo requiere fé porque mucha gente se toma en serio a dios y lo ha hecho durante mucho tiempo ya. Espero no ofender al grueso de la humanidad si digo que no le doy tanto peso a nuestras opiniones y conjeturas cuando se producen sin cuidado y método. Tal vez sea injusto que extrapole así de lo malas que resultan mis conjeturas en temas en los cuales no estoy educado, pero al menos prueba que no es difícil adivinar estupideces.

Probablemente sea simplemente cuestión de educación. A final de cuentas probablemente solo salí ateo porque mis papás lo son, la mayoría practicamos la religión de nuestros padres sin pensarlo dos veces. Pero hay una diferencia entre Canek y yo. Canek me ha dicho varias veces que lo educaron ateo. A mi no, nunca me hablaron, que yo recuerde, sobre dios y su no existencia. Para decirlo de otro modo: para cuando me enteré que mis papás son ateos, yo ya lo era también. Eso probablemente explica porque no siento, como Canek siente, que dios sea especial entre todos los pobres seres que no existen.

(Para ser justo debo decir que no me consta qué quiere decir Canek con que lo educaron ateo y posiblemente le pasó como a mi. En cuyo caso no tengo conjeturas acerca de nuestra diferencia.)

Puede ser también, aunque no lo veo tan probable, que Canek sea de esas personas que están más gusto teniendo fé en algo. (Para que quedé claro, no le veo nada de malo a querer tener fé en algo: la mayor parte de la gente es así, sino es que todos somos - aunque no sabría en que, si es que en algo, tengo fé yo.)

Me parece pues, que hay una escala de atracción por la idea de dios. En un extremo están los fanáticos religiosos, por en medio están la gente con una creencia sana y normal en dios, luego vienen los que como Canek no son suficientemente atraídos por dios como para creer en él pero sí lo suficiente como para “no permitirse” el uso del sentido común para descartarlo. Luego venimos los que no vemos a dios como caso especial y lo echamos al montón con los cleronomigios. Después vienen, me imagino, los ateos que no se divertirían escribiendo sobre dios en sus blogs.


Hábitos de lectura

Domingo, 6 de Enero, 2008

En la entrada pasada solicité a mis lectores recomendaciones de libros y para facilitarles la tarea, resumí mis preferencias. Esas eran mis preferencias para las recomendaciones, claro, pero dan alguna idea de como distribuyo mi tiempo de lectura y por lo tanto –bajo la teoría de que hago exactamente lo quiero, por lo que mi distribución de tiempo refleja fielmente mi preferencia– de cuales son mis gustos. A aquella lista le faltan un par de cosas que no buscaba me recomendaran; la lista completa de lo que más leo, en orden de tiempo invertido, es:

  • libros técnicos de matemáticas, aunque es en lo que más tiempo invierto solo desde que empecé a estudiar el doctorado (tal vez desde la mitad de la maestría) –solía ser el segundo lugar
  • novelas de varios tipos distintos: muchas que he oído considerados como “literatura seria” por gente que le gusta decir ese tipo de cosas, muchas policiacas, bastantes de ciencia ficción y muy muy pocas de otros géneros claramente identificables por el oficio de los personajes (novelas de fantasía, de vaqueros o de piratas, por ejemplo)
  • colecciones de cuentos, con más o menos la misma distribución de géneros que para las novelas
  • libros técnicos de computación
  • libros de ensayos sobre literatura o escritores
  • libros de divulgación de la ciencia y áreas similares (como economía o matemáticas, que asocio con la ciencia por algún motivo)
  • libros sobre asesinos en serie
  • libros de poesía

Creo que eso incluye todas las categorías en las que he leído más de cinco libros a lo largo de toda mi vida y supongo que solo las últimas dos están muy cerca de cinco. A menos que se me olviden algunas, no llego a cinco biografías o a cinco libros de historia, lo cual me gustaría decir que me avergüenza y pienso corregir.

Sería interesante y divertido, caros lectores, ver sus listas de preferencias de lectura en los comentarios a esta entrada; o mejor aún para los que tengan blog: en una entrada en su blog, con liga en un comentario a esta entrada. Si tienen estimaciones del porcentaje de sus lecturas en cada categoría, mejor. (Yo no tengo una idea tan precisa.) Actualización: posiblemente llamarle a esto un “meme” ayude a que otros blogueros sigan mi sugerencia. Bueno pues: meme meme meme.

Mi hermano no aprueba mi gusto por la ficción y siempre me recomienda que lea libros de “cosas que son ciertas”. (A mi hermano le gustó la película Titanic salvo por los personajes de Di Caprio y Winslet que hicieron que de hecho la odiara; a mi me gustó por que me recordó a Aliens.)

Supongo que esto está relacionado con que yo estudie matemáticas mientras mi hermano estudia física.


All I want for Christmas

Lunes, 24 de Diciembre, 2007

Según la Wikipedia estoy equivocado al recordar que All I want for Christmas es el título de un álbum de Mariah Carey de alrededor de mediados de los noventa. Probablemente estaba recordando el álbum Merry Christmas de 1994, cuyo más exitoso sencillo fue la canción All I want for Christmas is you. Creo que para tratarse de Mariah Carey mi memoria fue impresionantemente buena y me imagino que muchos no tendrán idea de que estoy hablando. Los que sí, tómenlo como indicación de que somos de la misma edad (con margen de error de unos 4 años).

All I want for Christmas is you

Para los demás, les digo brevemente que Mariah Carey es una cantante pop de Long Island (de nuevo, según Wikipedia, aunque si no mal recuerdo, esto era razonable conjeturarlo por su acento) que fue famosa durante los noventa, me imagino que por sus notas altas, que sonaban como (me imagino que sonaría) un ratón apretado con suficiente fuerza como para espantarlo severamente pero no para matarlo. Bueno, no exactamente, esa descripción no le hace justicia a la potencia de Carey, ni a su capacidad de inducir dolores de cabeza: más atinado sería decir que sonaba como (me imagino que sonaría) un costalito de ratones aplastados al unísono. Cuando no cantaba en frecuencia de silbato, no se oía tan mal y está en mi lista de músicos cuya ejecución aprecio y cuyo gusto deploro. Los mejores ejemplos son, probablemente, Michael Bolton y Kenny G que cantan y tocan, respectivamente, bastante bien música muy aburrida.

La canción de Mariah Carey que recuerdo realmente me gustó la oí viendo un episodio viejo de Saturday Night Live, probablemente de la época en la que ya no era chistoso pero yo todavía no me daba cuenta, principios de los noventa aproximadamente. (Según Wikipedia debo haber visto el capítulo de 1990 con Patrick Swayze o el de 1991 con Linda Hamilton… No sé, creo que si fuera el de Linda Hamilton lo recordaría y que si fuera el de Patrick Swayze sería fácil que no. Digamos que fue Patrick Swayze, entonces.) Recuerdo que (1) se veía bastante más joven de lo que recordaba haberla visto, (2) se vestía totalmente diferente: pantalón y chaqueta de mezclilla y un permamente ochentero, y (3) la canción sonaba más a blues que a balada pop (o R&B, que creo que era lo que se suponía que cantaba ella).

(Ya que mencioné SNL, platico que en el noticiero falso –a cargo entonces de Norm MacDonald– oí una vez que Kenny G había roto un récord mundial al tocar en su saxofón una nota durante una cantidad ridícula tiempo, digamos 40 minutos –que me suena inhumano, pero es el número que recuerdo. Norm dijo que G le había advertido al público que su intento por romper el récord sería un poco aburrido, pero que –haciendo perfecto eco de mi opinión al respecto– sería igual de aburrido si tocara notas diferentes durante 40 minutos.)

En 1993, Carey se casó con Tony Mottola volviéndose su segunda esposa (Thalía es la tercera). Después unos cuatro o cinco años decidió separarse de él y arruinar su carrera produciendo una película autobiográfica llamada Glitter, con ella en el papel principal. La película salió en el 2000 o 2001 y no se oyó más de Mariah Carey salvo porque un año o dos después decidió acabar con la carrera de mi co-cumpleañera Mira Sorvino, actuando junto a ella en Wise Girls. (Bueno,tal vez exageré un poco: acabo de recordar que Mira Sorvino sale en Reservation Road, la película que acaban de hacer basada en la novela de John Burnham Schwartz. La novela me gustó, pero la película decidí esperar a rentarla. Supongo que contaría su carrera como zombie.)

Pero nada de esto viene al caso.

Lo que quería decir es que ya se que quiero de regalo de navidad: libros. Y tengo el sistema de entrega perfecto: me dejan el título y autor del libro que me quieran regalar en un comentario y yo lo busco en la biblioteca. Tengo acceso a dos bibliotecas bastante grandes: la de la Universidad de Toronto y la biblioteca pública de Toronto. Lo menciono por si quieren asegurarse de que me llegue el regalo que me envien, pero no es muy necesario que se tomen la molestia: mientras no me regalen un libro sumamente reciente, exótico o que yo insistiría en leer en español y no en inglés, no debe haber problema. (E incluso en libros en español el surtido de Robarts es bastante bueno.)

Para darles una idea más clara de que regalarme diré que lo que más me gusta leer son novelas (incluyendo algunas “de género”, como policiacas o de ciencia ficción, pero no de vaqueros) y colecciones de cuentos. También leo, aunque bastante menos, no-ficción, principalmente crítica literaria y divulgación de la ciencia. Leo muy poca poesía y tiendo a preferirla con rima y metro.

En áreas de las que no leo mucho necesito más ayuda, obviamente, y me encantaría recibir de regalo algún libro que me guste pero nunca se me hubiera ocurrido leer.

Como dice la gente que no se quiere tomar la molestía de contactarte de nuevo después de que le hagas un favor: gracias de antemano por sus regalos.


Chuck Klosterman

Sábado, 22 de Diciembre, 2007

Siempre soy de los últimos en enterarme –creo que es algo de familia: desde que compramos un reproductor de discos compactos por ahí de 1994, me dí cuenta que no somos la gente más al corriente del mundo– y por eso no me extrañaría que todos mis amigos sean fans de Chuck Klosterman y no me hayan contado de él porque suponían que ya lo conocía.

No importa: incluso sin su ayuda ya me entere de Klosterman y acabo de leer Chuck Klosterman IV, su más reciente libro de ensayos sobre cultura pop estadounidense (y, por ende, hasta cierto punto, cultura pop occidental). Tenía mucho tiempo que no leía algo sobre cultura pop tan simpático e inteligente.

Ahora a conseguir Fargo Rock City...


Más sobre la definición de cínico

Sábado, 1 de Diciembre, 2007

Hace poco platiqué con mi amigo Andrew (en inglés) sobre la definición de cynic. Como ya dije en una entrada anterior, me gustaría que cínico quisiera decir lo que cynic quiere decir en inglés: una persona que cree la gente en general actúa buscando el beneficio propio.

Andrew me dijo que el creía que hay dos conceptos distintos que usualmente son llamados pesimismo: uno es el constantemente esperar que pasen cosas malas y el otro es constantemente tener una opinión negativa o desfavorable de las circunstancias. Me dijo que el solo usa pesimista para alguien que haga lo segundo y que le dice cínico a quien siempre espera que pasen cosas malas.

Le dije que estaba de acuerdo en (1) que esas dos cosas eran diferentes, (2) que mucha gente usa la misma palabra para ambas, (2.5) que esa palabra común es pesimismo, (3) que ameritan nombres distintos, pero que no estaba de acuerdo en que cínico y pesimista fueran los mejores nombres, al menos porque ya significan algo y no es lo que Andrew sugiere que deberían signifcar. Le dije que el cinismo (recuerden que la plática fue en inglés) tiene que ver con creencias acerca de las motivaciones de la gente, nunca con juicios de valor sobre eventos futuros o circunstancias actuales; y también que me parece que está bastante establecido que pesimista es quien espera que pasen cosas malas. Para el otro concepto, para un persona que suele tener quejas de lo que la rodea, dije que yo uso negativo (y si no solo suele tener opiniones negativas sino que además suele manifiestarlas, uno es quejumbroso, y de hecho, ahora que lo pienso uno es igualmente quejumbroso si solo manfiesta opiniones negativas aunque no las tenga –puede parecer rara la idea de un quejumbroso mentiroso, pero es común: seguido alguien se queja de cosas con las cuales realmente no tiene problema para herir los sentimientos de alguien más).

Lo mejor de la plática, para mí, fue que convencí a Andrew de usar las palabras con los significados que me gustan.

Me quedé pensando después, que aunque cínico es una palabra menos útil en español que cynic en inglés (pues en español, me dicen que básicamente es sinónimo de descarado, que es mi forma favorita de expresar el concepto correspondiente), y aunque no parece haber palabra en español (dado que la única que me parecía candidata era cínico) para alguien que cree la gente usualmente tiene motivos egoístas para hacer las cosas, al menos, en español, no tenemos tanto el problema de la confusión entre pesimista y negativo, ¿no? Me parece que, al menos, en México, o digamos, al menos en el D.F. y Cd. Júarez, Chihuahua, poca gente confunde esperar cosas malas con creer que la situación es mala, aplicando el término pesimismo solo a lo primero. ¿Es así o ya llevo demasiado tiempo lejos y se me está olvidando el español?