Moonwalk

Viernes, 10 dUTC Julio, 2009

Lo leyeron aquí primero: Michael Jackson ha muerto. Lo sabemos porque sufrió dos autopsias y no habrá sobrevivido la primera (y de hecho la probabilidad es alta de que haya muerto incluso antes de la primera; se espera que esto lo confirme la segunda).

Triste que haya muerto el Rey del Pop, pero al menos el moonwalk es eterno.


NeXT y Mathematica hace veinte años

Sábado, 20 dUTC Junio, 2009

Anoche que estuve platicando con Canek, me enseñó un video de Steve Jobs presentando el sistema operativo NeXTSTEP 3 de las computadoras NeXT. Tenía años que yo no había pensado en esas computadoras y me puse a contarle a Canek mis recuerdos al respecto. Canek, que tenía bastante sueño, me juró que no lo estaba aburriendo (sin que yo le preguntara e incluso, sin haber sospechado, antes de que él lo mencionara, que lo estaba aburriendo) y me pidió que le dejara de platicar por Messenger y mejor pusiera la anécdota en mi blog, donde sería más fácil para él ignorarla sin que yo me diera cuenta.

Decidí hacerle caso porque (1) se fue a dormir y (2) tiene mucho tiempo que no escribo una entrada; tal vez tener una que no tenía intención de escribir me empuje a conseguirme una de esas valiosas intenciones y escribir otra entrada.

Las NeXT eran unas computadoras fabulosas, adelantadas a su época, que salieron a finales de los ochenta y principios de los noventa. La compañía NeXT la fundó Steve Jobs cuando lo corrieron (u obligaron a renunciar, más precisamente) de Apple. (Años después Apple compró NeXT y Jobs volvió a trabajar para Apple.) Conocí las NeXT en Torreón, hace unos 20 años, en el Tecnológico de Monterrey Campus Laguna, donde mi papá se veía obligado a trabajar por las duras circunstancias económicas. No creo que comprar las NeXT haya sido una gran inversión para el Tec, tengo la impresión de que no las usaban mucho y de que, de hecho, no las sabían usar muy bien. Un día en una especie de feria que hacen en la cual presumen las instalaciones a los potenciales alumnos (tal vez más bien a sus papás), al ver como batallaba el tipo encargado de mostrar la NeXT le ofrecí ayuda, y acabé dando una demostración de su uso durante un par de horas. En mercadotecnia no son tan malos en el Tec: pronto empezaron a decirle a los espectadores que habían comprado computadoras tan avanzadas que hasta un niño podía usarlas.

El programa que yo más usaba en la NeXT era Mathematica, un programa para realizar cálculos matemáticos bastante conocido. Me sorprendió mucho darme cuenta anoche que llevo cerca de veinte años usando Mathematica.

No sé para que lo habré usado en aquel entonces; no puede haber sido para algo muy interesante dado que no sabía muchas matemáticas, pero recuerdo haber pasado horas frente a la NeXT usando Mathematica. Ciertamente me impresionó poder hacer cuentas con enteros muy muy grandes (fue el primer lenguaje de programación que conocí que lo hace cómodo). Recuerdo que una vez, tratando de ver que tanto podía hacer Mathematica, quise calcular el primero número 105,000,000. Accidentalmente pedí el primo número 105,000,000! (¡factorial!). La NeXT respondió, después de unos minutos, con una ventana que decía “You killed the system!”, en un tamaño de letra modesto para tan dramática acusación.

En esos años teníamos una computadora 286 en la casa, y probablemente no podía correr Mathematica. Ciertamente no tuve Mathematica en casa hasta varios años después, cuando teníamos una 486, vivíamos en Ciudad Juárez y yo estaba en la secundaria. Recuerdo mucho más acerca de que cosas hacía con Mathematica en esos años. Recuerdo haber escrito un programa que jugaba gato y un programa que podía resolver los problemas de edades del Baldor de Álgebra (esos del estilo de “Juan hace tres años tenía la mitad de la edad de José y dentro de cuatro años tendrá cinco años menos que el doble de la edad de Rosita quien el año pasado tenía …”).

También recuerdo una ocasión en la que me encargaron de tarea en la clase de matemáticas (probablemente en segundo año de la secundaria) resolver una lista de cincuenta (cincuenta, carajo) sistemas de ecuaciones lineales de dos ecuaciones con dos incógnitas. Cada sistema había que resolverlo tres veces, usando cada uno de Los Tres Métodos: sustitución, suma y resta, y el método gráfico. No me siento muy seguro de los nombres de los tres métodos, pero definitivamente eran (1) despejar una incógnita de la primer ecuación y sustituir en la segunda, (2) eliminar una incóngita tomando una combinación lineal de las dos ecuaciones y (3) graficar ambas rectas y marcar con otro color el punto de intersección. (Me da ternura recordar lo que enseñaban de matemáticas en la secundaria. Mi ejemplo favorito son las Tres Leyes del Coseno: ¡una por cada lado! Y había otras tres con los ángulos despejados, las Tres Leyes del Coseno para Calcular los Ángulos.)

Me daba muchísima flojera resolver por Los Tres Métodos un sistema de ecuaciones, no se diga cincuenta, así que decidí hacer un programa que lo hiciera por mí. Al maestro le pedí permiso de entregar la tarea “a máquina”, desde luego, sin mencionar que pensaba automatizar su factura. Realmente había algo que programar porque aunque Mathematica puede resolver sistemas de ecuaciones (y mucho más complicados que los de la secundaria) con una sola instrucción, mi tarea tenía que incluir Todos Los Pasos. Pasé un buen rato depurando mi programa, enseñándole a la computadora que cuando un término es exactamente cero se ve idiota escribir que lo pasas restando, que se ve igualmente idiota decir que pasas 1 dividiendo, etc.

Teniendo solo una impresora en blanco y negro, no pude automatizar lo de marcar el punto de intersección en otro color…

Mi mamá se preocupó un poco por mi educación al ver como hice la tarea. Pensó que al brincarme la talacha iba a perderme del beneficio que la tarea estaba diseñada para darme. Afortunadamente para mí, mi papá me defendió explicando que solo es posible escribir un programa que resuelva las ecuaciones paso a paso si entiendes muy bien el procedimiento. (Este argumento solo explica porque no hacer tanta talacha no me evitaba entender Los Tres Métodos, pero deja de lado los potenciales otros beneficios que resolver 50 sistemas de ecuaciones tres veces cada uno pueda tener en la formación de los jovenes. Afortunadamente mi mamá no reparó en esto.) Ahora estoy de acuerdo con lo que dijo, pero en aquél entonces probablemente no tenía opinión al respecto, solo sabía que era muchísimo más divertido programarlo que hacerlo a mano.


La poesía accidental de Cousteau

Miércoles, 15 dUTC Abril, 2009

No esperaba que songza.com armara un poema con los títulos de las canciones de la banda británica Cousteau (lo presento traducido al español y ligeramente editado):

Ella no escucha tu plegaria.

Llegará tu momento.

Malditos sean estos tiempos,

después de la caída:

ecos

y mal tiempo.

¿Cómo sabré

saltar en el río

el último buen día del año?

El último secreto del mar:

hipnotizar

sin medicamento.

Juro que en ese orden las listó. Ni siquiera tuve que orderlas yo, como hizo Lisa (Simpson) con las frases atormentadas de Moe (Syzlak).


¿Qué es un blog?

Miércoles, 4 dUTC Febrero, 2009

Despreocúpense aquellos que me desconozcan suficiente como para esperar por el título de esta entrada una profunda  discusión filosófica sobre el significado de los blogs, su papel en la sociedad y otros temas que ni me imagino pero que serían de interés de teóricos de medios.

No hay nada de eso aquí: ofrezco sólo, como es mucho más usual aquí, una queja lingüística. Nunca me ha gustado que se use la palabra blog para las entradas individuales de la única cosa a la que yo llamo blog. Me parece ridículo usar el mismo nombre para el recipiente y las cosas que lleva dentro. Decirle blog a cada entrada de un blog sería como decirle enciclopedia a cada artículo de una enciclopedia. Suena idiota: Trabajo en Microsoft escribiendo enciclopedias para la próxima edición de la Encarta.

Sería como decirle carritos de supermercado a todas mis frutas, verduras y carnes solo por llevarlas en un carrito.

Pero no escribo sólo para quejarme: escribo para admitir derrota (condicional). José Saramago usó blog para referirse a una entrada de su blog –Saramago, infinitamente más ducho que yo en el uso de las palabras. Mi derrota es condicional porque no sé varias cosas relevantes:

  1. Yo leo su blog en español; no sé si él mismo lo escribe en español o si un asistente traduce la versión portuguesa.
  2. No he querido ver la versión en portugués para ver si ahí también usa blog así.
  3. Aunque viera la versión en portugués y sí usara blog como no me gusta, me quedaría la duda: ¿no será suficientemente distinto el portugués del español como para que no suene idiota decirle blog a cada entrada de un blog?

Pero es perfectamente posible que Saramago opine que blog para entrada es español perfectamente empleado, en cuyo caso, conciente de que su lengua natal es portugués pero aún así calculando que sabe más español que yo, concedo la victoria a la autoridad y dejo de quejarme de esto.

Pero no me van a hacer a mi decirle blog a las entradas de un blog. ¿Dónde acaba esa locura? ¿También hay que decirle blog a cada palabra de cada blog de cada blog?


Mi anagrama favorito

Martes, 30 dUTC Diciembre, 2008

Si ven Los Simpsons, saben que genuine class es una descripción anagramática de Alec Guinness, es obvio que Axl Rose se puso el nombre pensando en oral sex, y es clásica la observación de Bretón de que Salvador Dalí es anagrama de ávida dollars; pero mi anagrama favorito hasta el momento es uno de Banach-Tarski:

Banach-Tarski Banach-Tarski.

——-

P.D. Cuando leí este anagrama hoy me sentí idiota por no haber inventado este chiste hace años…


Buen carácter

Domingo, 28 dUTC Diciembre, 2008

Paola, Eduardo y yo venimos a Ciudad Juárez para que mis papás conocieran a su nieto. Predeciblemente, les gustó mucho. Y a Eduardo parecen caerle bien mis papás y mi hermano, lo cual es un alivio: siempre es incómodo que tus amigos no se lleven bien entre sí.

Mi mamá me ha dicho varias veces durante esta visita que si yo hubiera tenido tan buen carácter cuando era bebé como tiene Eduardo, habría tenido veinte hijos.

Solo tuvo dos.

Me siento mal por los otros dieciocho y si el problema no fuera justo que no existen, les pediría una disculpa.


Canción de cuna

Sábado, 26 dUTC Abril, 2008

Actualmente mi canción de cuna favorita es Everything’s Alright del excelente musical Jesucristo Superestrella (música de Andrew Lloyd Weber, letras de Tim Rice). Las partes que canta María Magdalena definitivamente son para arrullar a alguien (Jesús, de hecho):

Try not to get worried
Try not to turn on to
Problems that upset you
oh Don’t you know
Everything’s alright
Yes everything’s fine
And we want you to sleep well tonight
Let the world turn without you tonight
If we try
We’ll get by
So forget all about us tonight

Sleep and I shall soothe you
Calm you and anoint you
Myrrh for your hot forehead
oh Then you’ll feel
Everything’s all right
Yes everything’s fine
And it’s cool and the ointment’s sweet
For the fire in your head and feet
Close your eyes
Close your eyes
And relax
Think of nothing tonight

(Estoy tentado de conseguir mirra para untársela en la frente al pequeño Eduardo en las calientes y húmedas noches de verano Torontonianas; supongo que si venden mirra en alguna parte, habrá en Kensington Market.)

La parte que canta Judas y lo que le responde Jesús están demasiado politizadas como para un bebé tan chico y me abstengo de cantarlas:

Judas:

Woman your fine ointment
Brand new and expensive
Should have been saved for the poor
Why has it been wasted?
We could have raised maybe
Three hundred silver pieces or more
People who are hungry
People who are starving
Matter more
Than your feet and hair

Jesús:

Surely you’re not saying
We have the resources
To save the poor from their lot?
There will be poor always
Pathetically struggling
Look at the good things you’ve got!
Think while you still have me
Move while you still see me
You’ll be lost
You’ll be so sorry
When I’m gone


El pequeño Eduardo

Jueves, 17 dUTC Abril, 2008

La blogósfera está llena de noticias del nacimiento de mi hijo Eduardo y supongo que ya debería decir algo al respecto.

Primero, confirmo que ocurrió y que en general los detalles de las noticias son correctos, pero advierto que de leer esta entrada del Charo, podrían quedarse con la impresión de que él cree que le cambiamos el nombre a Eduardo. Esto, sin embargo, es falso, es decir, el Charo no cree realmente que le hayamos cambiado el nombre al niño [1] (y tiene razón: no se lo cambiamos).

Segundo, oir sobre un bebé recien nacido es aburrido (en resumen: dormir le da hambre, comer le da sueño), bastante más que ver fotos y muchísimo más que arrullarlo, darle de comer o cambiarle los pañales; por eso, me limito a contar sobre él que tiene felices a sus papás y que tiene bastante buen carácter (y esta diferencia con respecto a sus padres cuando ellos eran bebés contribuye a la felicidad que sienten, supongo).

Paola está muy bien, aunque todavía se cansa fácilmente (y, contreras que es, es difícil convencerla de descansar a veces), y está adaptándose a su nuevo papel como fuente de alimento. Incluso vive más sano: el bebé, como muchos torontonianos, exige leche orgánica por lo que a Paola no le damos ni antibióticos, ni esteroides y la alimentamos principalmente de granos cultivados sin insecticidas.

Eduardo lleva apenas dos semanas de nacido, así que es normal que no tengamos aún buenos consejos para futuros papás. Sigo creyendo que el mejor es el consejo que me dieron mis papás: ignora los consejos que te den sobre como criar a tu hijo. Tal vez eso es demasiado burdo así, pero es fácilmente refinable (de esta versión no culpen a mis padres):

  1. Ignora los consejos que te de gente que no tiene hijos.
  2. Ignora los consejos que te de gente cuyos hijos te caigan mal.
  3. Considera, si quieres, consejos que te de gente al menos uno de cuyos hijos no te caiga mal, pero siéntete absolutamente libre de ignorar dichos consejos.
  4. Sé cortés mientras escuchas todos estos consejos, recuerda que (muchas veces) te los dan para mostrar empatía (o incluso, con la intención de ayudarte).

Cuando me dan consejos de buena fé siento algún pequeño compromiso a considerarlos si no seguirlos, pero no todo mundo cría hijos de la misma forma y algunos pares de consejos que uno recibe son contradictorios (o van contra alguna opinión clara que uno tiene sobre el asunto). Por eso me gustó que mis papás me dijeran esto: de alguna manera me dió un poco más de aplomo.

Desde luego, si este consejo no les gusta, siéntanse libre de seguir mi consejo ignorándolo.

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[1] Charo 2008, comunicación personal.


Aforismo sobre cadenas de Markov

Jueves, 6 dUTC Marzo, 2008

Hoy en uno de mis cursos el maestro dijo que era mejor para el futuro invertir la dirección del tiempo…


Going Native

Lunes, 3 dUTC Marzo, 2008

Ahora que vivimos en otro país, he tratado de adoptar las costumbres locales, para experimentar de manera más auténtica vivir aquí. Desde luego, la costumbre que suele ser la más difícil de adoptar es el hábito de hablar en otro idioma. Sabiendo eso y siendo flojo, solo consideré opciones en países de habla hispana o inglesa cuando decidí donde estudiar el doctorado. (A final de cuentas solo hice solicitud en la universidad de Toronto, donde estudio ahora, y, por si acaso, en la de Waterloo –eso es Waterloo, Ontario, Canadá, no el Waterloo del que canta ABBA, donde Napoleón libró su última batalla.) Aún así, tanto el inglés como el español tienen muchas variantes y me podría haber tocado hacer un esfuerzo por hablar como los nativos o incluso para entenderles.

Aquí en Toronto no tuve ese problema, lo cual es normal, supongo, dado que aprendí inglés en Toronto cuando era chico (mi papá también estudió en la universidad de Toronto, cuando yo tenía entre 1 y 7 años –y, mmh, mis papás me trajeron a Canadá con ellos). Mi acento pasa por torontoniano sin mucho problema aunque parece ser bastante genérico: me confunden con “norteamericano” –quieren decir canadiense o gringo– pero no de algún lugar específico. (Tengo un par de anécdotas sobre eso: una es que una vez me preguntaron porque fue que viví en México tanto tiempo, por lo que contaba sonaba como que había estado ahí varios años; otra es que unas turistas neoyorquinas en Oaxaca, que me pidieron direcciones en español y a quienes les contesté en español antes de decidir que su acento era gringo –Oaxaca tiene turistas de muchos lados– y hablarles en inglés, me dijeron que las tenía engañadas, que mi español era tan convincente que llegaron a creer que era mexicano…)

Cuando veníamos para acá Paola me preguntó si los canadienses hablaban inglés igual que los gringos. Le dije que básicamente sí, que algunas palabras eran distintas y que había un mito de un acento canadiense, pero que me parecía que ya solo lo conservaban comediantes gringos que se burlaban de los canadienses. Cuando llegamos al aeropuerto en Mississauga y Paola oyó al maletero me preguntó de dónde era el tipo, por qué se oía tan raro. Tuve que decirle que tenía el mítico acento canadiense que según yo no existía ya… Ahora ya sé que realmente solo se ha perdido en las ciudades grandes y no totalmente. (En la televisión y en las películas suelen hablar con esos acentos norteamericanos genéricos, supongo que para hacer marginalmente más faćil su éxito en el lucrativo mercado gringo, y por eso yo tenía la impresión de que no hablaban con el acento estereotípico.) De mis amigos canadienses solo tienen un acento marcado algunos de los que son de lugares chicos (y no todos el mismo acento, pero todos reconociblemente canadiense). Los torontonianos tienen poco acento identificablemente canadiense y esto no permite distinguirlos fácilmente de los gringos de ciertas partes de Estados Unidos. Pero incluso algunos torontonianos que conozco dicen about rimando con boot y acaban buena parte de sus enunciados con el típico eh (pronunciado como el nombre de la letra a en inglés).

Como empecé diciendo, quiero pasar por nativo lo más posible, así que he tratado de aprender el idioma local. El asunto del acento –que hubiera sido de otro modo lo más difícil: por ejemplo, nunca se me quitó mi acento chilango en español a pesar de vivir 10 años en el norte de México– básicamente resuelto, me quedaba principalmente algunas cuestiones de vocabulario (el mío era más bien gringo, por las películas y los libros). Así que aprendí a decir washroom en lugar de restroom, toque (se pronuncía más o menos como “tuc” se pronunciaría en español y no “toc” como en el francés del que viene, ni como took, el participió de take, como inicialmente creía yo) en lugar de beanie o skull cap, zed en lugar de zee (muy importante en matemáticas saber como se llama la letra z).

Bueno, ahora que lo pienso, si hay una cosa de acento que tuve que corregir: suenas muy poco torontoniano si dices Toronto, aquí se dice Toronno.

También aprendí cosas que no se si cuentan como asunto de idioma o de carácter nacional. Cuando me preguntan How are you? ya no contesto Fine u OK como antes, sino Not bad o Not too bad (respectivamente). Ya no digo that was nice, sino that wasn’t bad; en lugar de awesome ahora digo pretty good, eh? en un arrebato de entusiasmo.

Un cambió al que siendo mexicanos me apena confesar Paola y yo nos acostumbramos muy rápido es a saludar meramente hablando, sin tocar al saludado. No más apretones de mano ni besos en la mejilla. Tan poco he tocado extraños en el último año que cuando Carlos (un español) nos presentó a su esposa Jara (también española, aunque con ese nombre la aclaración me parece innecesario) y ella me saludó con un beso en cada mejilla, a la usanza española, sentí un pánico momentáneo.